sábado, 20 de febrero de 2010

Adaptación de DOÑA ROSITA, LA SOLTERA O EL LENGUAJE DE LAS FLORES



En el año 1983 decido crear de la obra DOÑA ROSITA LA SOLTERA 0 EL LENGUAJE DE LAS FLORES un unipersonal.
Como el nombre de la obra lo indica, son las flores el elemento escenográfico fundamental, entendiendo que todo elemento debe encontrar su correlación dramática, decidí fijar esa correlación con el paso del tiempo.
En primer lugar trabajé sobre el autor, Federico García Lorca, en el sentido de conocer todo aquello que no tuviera que ver precisamente con su obra dramática, es decir su vida, su mirada sobre algunos aspectos y cuestiones que tienen que ver con la cultura y la literatura, sus amigos, los directores que en el mundo hicieron de su obra ejemplos de interpretación, algunos productos de esa búsqueda iré los publicándolos a continuación de esta nota, a modo de compartir e ir configurando el sentido de este blog, que tiene y tendrá casi todo de mi.
La gran preocupación fue, sin duda, que Lorca apareciera en toda su dimensión dentro de la adaptación. El lenguaje, su lenguaje, fue el camino para establecer el puente entre esos personajes ubicados en un lugar geográfico preciso y esta actriz ubicada geográfica, social y temporalmente a una distancia enorme y que, a primera vista podría parecer imposible de resolver.
Se plantea entonces el problema de la convivencia entre el autor y su obra y la adaptación y su identidad. Digo convivencia, es decir que omito contradicción entre ambos aspectos, que sí las hubo, pero digamos que dejo el tema para responder, en todo caso, a algún lector que se interese sobre el tema. Esto se puede resumir en una idea central: yo no quería reescribir la obra, yo quería que Federico se pusiera contento, se sonriera y se divirtiera, allá donde estuviera, con lo que estaba haciendo este pobre manojo de huesos y carne y dolor, que no sé por qué aún estaba ocupando un lugar en el espacio real, verdadero y tangible como él y mis compañeros no podían hacerlo, siendo ellos tan necesarios, tan imprescindibles para la vida y los sueños, para la patria y mañana.
Este compromiso se convirtió en el aspecto filosófico de mis trabajos y como tal, fue atacado, ignorado y desechado por todo grupo institucional o de poder donde se presentara en alguna forma.
Si bien era conocido por mí que uno construye con los elementos que dispone, esta afirmación siempre mereció mi desprecio, pensando en aquellas mamitas que alimentan y educan a sus hijos de la nada más nada, en la carencia total, inventando puchero de puchero; el verdadero sabor está en crear desde la nada, sobre todo cuando de estómago no se trata.
Y así surgió la estructura dramática de la adaptación.
Mantuve el orden de los actos convirtiéndolos en un solo. Mantuve el perfil psicológico de los personajes y sus textos –a veces recortándolos, pero nunca incluyendo texto propio- y tomé al Ama como personaje eje, central que recorre toda la obra y marca el verdadero paso del tiempo. El Tío y el Novio o Primo de Rosita no debían aparecer físicamente, al primero se lo referencia y en el poema de la Rosa Mutabilis lo dije durante años de espaldas al público, pero en la última puesta se lo hice decir a alguien no actor, en off. (Subo esa grabación en www.poderato.com/trabalenguas por si la quieren escuchar). En cuanto al Novio resultaba imprescindible su presencia en el momento de su partida a Tucumán. Por eso existen las luces en el teatro, cuando de sala se trata, y las máscaras y fijación del espacio para el aire libre. Convengamos que un paño puede ser una máscara.
Se me presentaba la dificultad con Las Manolas, Las Solteronas Cursilonas y Las Ayola, que van en número de tres.
En el caso de Las Manolas, en el poema de Granada recordemos que son tres y cuatro (las tres y las cuatro solas). ¿Qué hacer cuando hablan Las Manolas? Hablan en diferentes espacios de la escena, con diferentes tonos de voz e intensidad de movimiento. ¿Y cuando habla Rosita?, Bueno, ella lo hace desde público.
Las Solteronas Cursilonas unifican el texto pero siempre en plural, repitiendo en algunos momentos determinadas palabras tres veces.
Las Ayola utilizan el mismo recurso, pero en actitud exactamente opuesta a las desopilantes Solteronas Cursilonas.
El paso del tiempo ocupa un lugar de privilegio en la obra, por eso las ropas que usan los personajes están en escena flotando o en lugares elevados y se despojan en escena cayendo en el piso.
Muchas veces el Ama y el Señor X en su totalidad, se dirigen al público invocando su opinión acerca de determinadas cuestiones.
Rosita. ¡Ahhh, Rosita! Rosita comienza en la obra en brazos del Ama, corporizada en un pañuelo que se despliega y vuela a lo largo del relato de su crecimiento expresado en el poema.
Recuerdo que cuando ensayaba esta escena y acunaba el pañuelo, mi niña corría a abrazarse en mi cuerpo y me pedía estar en mis brazos. Y allí tomaba la dimensión del valor de lo que quería expresar, me llenaba de felicidad y alegría.
El Final: El monólogo de Rosita, en la recta final de su vida, comprende el último acto de la adaptación. Rosita cuenta el trayecto de sus sentimientos a lo largo de su vida en medio de los sombreros, máscaras, ropas y flores caídas sobre el escenario. Esto, además, me ayudaba a ralentar el movimiento, para no tropezar con los elementos y caer accidentalmente, ya que mi cuerpo venía acelerado por el ritmo de los cambios. Sobre el final de su relato, cuando ya no tiene más nada que decir con respecto a lo pasado, esta Rosita no dice basta, aúlla basta y entra en crisis. La crisis pasa y da lugar a la reflexión. Entonces Rosita sale de la escena convencional, habla entre y con el público, lo interpreta, lo comprende y le asegura que va a dar vuelta el destino mediocre y fatal que la sociedad le ha destinado: "Usted se está acordando de su hermana, la solterona. Solterona como yo, era agria y odiaba a los niños y a todo lo que se ponía un traje nuevo. Pero yo no seré así. Le pido perdón."
Ella será, por Federico: Soltera, apenas un estado civil de la sociedad burguesa, negándose a ser clase, casta, estigma que esa misma sociedad mediocre y pacata quiere instalar como pantalla que oculta el verdadero drama de los pueblos.
Esta adaptación fue estrenada un día de febrero de 1984 en el Parque Lezama. En otro momento me referiré a esa experiencia, todo el recorrido escénico, diferentes puestas y sus dificultades.

La foto corresponde a una actuación espontánea sobre Avenida Sáenz en el año 1993, en homenaje a Teresa Pastorello, compañera y amiga, de quien aprendí a luchar en solidaridad por el arte, la cultura y la identidad nacional. Su presencia nos fue arrebatada y realicé esta actuación, interceptando a la gente que caminaba por la avenida con los textos de ROSITA… sólo para no hundirme bajo la tierra, acompañada de algunos valientes casi anónimos como quien tomó esta y otras fotos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

SOLO TE VI UNA VEZ...INCREIBLE LO BIEN QUE INTERPRETABAS CADA PERSONAJE....COMO BIEN DECIAS EN TU COMENTARIO...LOS CAMBIOS DE VOZ...LOS SILENCIOS AL CAMBIAR DE PERSONAJE...QUISIERA QUE MIS HIJOS DISFRUTARAN DE TU ARTE...RECUERDO TU CARA DESFIGURADA POR EL DOLOR DE ROSITA...AL FINAL DE LA HISTORIA ESPERANDO...ESPERANDO LO QUE NO VENDRIA

VIVIANA