En este blog voy a compartir algunas experiencias personales sobre mi actividad en el teatro. Y estaría bueno que todo esto sirviera de motor para el debate, el acercamiento,y el quéhacer de muchos. Decir teatro es decir vida, sociedad, cultura, arte, política, emoción, sentimientos...
jueves, 25 de mayo de 2017
jueves, 11 de mayo de 2017
El recurso se mantiene, lo que varía es el método
“mil ochocientos once”
en unipersonal
Dramaturgia: María Peña
Basada en la novela “1811 Las
Voces Silenciadas de la Revolución” de Gloria Menéndez
La trayectoria
En el año 2013 realicé la
dramaturgia de la novela de Gloria Menéndez incorporando músicos, un director y
un actor que le dieron a la obra un carácter dinámico debido a que se produjo
el ensamble de los músicos en escena y los actores. Este ensamble de dos
lenguajes le significó a la obra un desarrollo de los tiempos dramáticos
escogidos de la novela en forma equilibrada. Trabajé exclusivamente sobre la
novela y fue una experiencia muy satisfactoria en la medida que parto de la
misma para realizar esta nueva dramaturgia de “mil ochocientos once”.
“1811 Las voces Silenciadas de la Revolución” fue escrita por una
mujer. Pero no por cualquier mujer, una mujer militante, definida
políticamente, revolucionaria y de profundo sentir nacional y popular.
Estudiosa, creativa, apasionada y profunda. A pesar de los muchos años
intensamente compartidos he llegado a la conclusión de que la he conocido y
comprendido mucho más profundamente a través de su obra literaria, en especial
con esta novela, que por todas las demás experiencias juntas o con distancia,
jamás enfrentadas.
Un caluroso día de enero, Néstor
Gorojovsky, Secretario General del partido Patria
y Pueblo, Socialistas de la Izquierda Nacional, me preguntó si podía hacer
unos quince minutos de “mil ochocientos
once” para que esos minutos sean la introducción de un seminario sobre
geopolítica que él iba a dictar. Néstor había visto la obra varias veces en
distintos escenarios. Me hizo un panorama acerca de lo que él iba a exponer y
así fui nuevamente a la novela.
Mónica Sánchez es escritora,
así la conocí yo, crítica y creativa. Conduce un seminario de lectura,
creatividad y crítica al cual concurro hace unos años. Mónica Sánchez danza y a
veces danza con paños y su cuerpo que parece frágil aparece con fuerza cuando
danza y se mueve. La invité a compartir el espacio teatro con su danza.
Así volví a la novela y a
Gloria. Cuando le conté el proyecto de Néstor, la inclusión de Mónica, se
detuvo, se quedó en silencio. Me abrazó y recordó. Recordó otros días, tantos
días resumidos en ese instante en que se enteraba del nuevo proyecto para
“1811…”. Reflexionó y finalmente me miró
a los ojos y me dijo, “bueno, lo lograste. El teatro y la política van juntos”
Y nos fuimos a festejar.
Es bueno en la vida contar con
alguien que nos escuche sin especulaciones personales, sin manipulaciones y que
nos dará una respuesta llena de amor y libertad que seguramente, si tenemos
coraje, nos hará crecer. Bien, en lo que se refiere al teatro ese alguien tiene
nombre: Patricia Zangaro, otra mujer que batalla, valiente y talentosa.
Coherente. Patricia vino a ver esos quince minutos preparados para el Seminario
de Geopolítica y concluyó en que debía seguir por ese camino con toda la obra. Y lo hice, seguí por el camino adoptando las
herramientas que la generosa Patricia me puso en el camino. Una palabra
maravillosa que cuando ella la dice cobra sentido: economizar palabras que
redundan y nos desvían de la acción dramática. Y traslado el concepto a la
puesta en escena. Es bueno, digo, poder contar con Patricia Zangaro.
Digo en este relato que existen
muchos caminos para abordar la dramaturgia de una obra que no ha sido concebida
como obra de teatro y todos pueden convivir en el objetivo final y que hay un
tiempo y un espacio, necesarios para que estos elementos se desarrollen
armoniosamente. También digo que debe haber una respuesta a una simple pregunta
que indefectiblemente tiene que ser contestada y esa pregunta es ¿Para qué? En lo antes dicho se encuentra la respuesta.
En esta nueva adaptación en
unipersonal de la novela “1811 Las Voces
Silenciadas de la Revolución” he tenido como eje a la autora, a Gloría
Menéndez, porque su novela y su vida son inseparables.
Fundamentos artísticos
Una revolución traicionada, el
viaje de Mariano Moreno y su asesinato en altamar, la persecución a Manuel
Belgrano, las acusaciones infundadas y luego no comprobadas, forman el contexto
para desarrollar la trama central de esta obra.
Dos mujeres enfrentadas por su
condición de clase: una es una esclava analfabeta, la otra una mujer culta,
casada con un líder de la revolución y ama de la primera. Es un enfrentamiento
de clases que se va resolviendo en medio de ese marco, que es la circunstancia
histórica, la revolución, sus fallas, el peligro de la derrota. Frente al
peligro se van acercando y frente a la derrota se valorizan y la relación ama –
esclava, repleta de contradicciones, encuentra un cauce y una reflexión dura,
potente y directa en el final que las une frente a una revolución traicionada,
derrotada, crítica en sus errores, tal vez en la elección de prioridades, pero
que no dudan frente al malestar común que las acecha.
La obra se presenta ajena de
caracterizaciones. La configuración de los dos personajes que sólo se
diferencian y evolucionan a través de sus modalidades expresivas y corporales,
se basa en la contradicción de clase. Por momentos los sufrimientos y reclamos
de los dos personajes se vuelven paralelos, pero siempre en la contradicción
que los alberga y le dan sentido.
Esta es mi lucha a través del
teatro, tal como lo expresé en 1976, en el examen de ingreso: quiero estudiar
teatro porque deseo derrotar a este horrible mundo y sé que por muchos años eso
no será posible a través de la política por los tiempos que se avecinan.
“mil ochocientos once” es mi mejor respuesta no encontrada en
soledad. El medio ha sido la novela “1811
Las Voces Silenciadas de La Revolución” de Gloria Menéndez
Mayo de 2017
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