Dicen que cuando el actor evidencia que está armando el personaje y no que lo está haciendo, se suele decir que se le notan los hilos. Cuando con Raquel, Fernando y Cristina nos juntamos para hacer Juan Moreira de Cartón Pintado, decidimos transitar una experiencia que de algún modo está presente en el ideal de todo artista: quisimos hacerlo en total y absoluta libertad, libres de todo aquello que pudiera significar una presión a cada uno de nosotros mismos. Por otro lado el concepto era circunscribir la escena dramática en una caja (puede que todo escenario lo sea) -teatrillo-, y los personajes no serían los actores, si no unos muñecos planos, de cartón pintado. Pero además, los actores —manipuladores , es decir: Cristina, Raquel y Fernando no estarían ocultos. De ello resultó que, si no estaban ocultos y se los veía mientras hacían actuar a los muñecos, inevitablemente se iba a ver su gestualidad, entonces trabajamos la relación actor / muñeco multiplicando las posibilidades expresivas. Trabajamos el desdoblamiento del desdoblamiento. El resultado de esta práctica nunca es uno sólo, por eso escogimos los más apropiados para esta presentación. Con respecto al espacio escénico, circunscripto al teatrillo, nos sucedió algo parecido. Muchas escenas se ensayaron fuera del teatrillo y ello no invalidaba la primera propuesta del espacio, sino que redefinía con su efecto sumatorio la dramaturgia del texto, de este modo se incorporó todo el espacio, aún el no visible. Así, entre multiplicaciones y sumas y con una gran convicción de libertad, arribamos a la conclusión estética de que en este trabajo hemos querido que se noten los hilos. María Peña