viernes, 23 de septiembre de 2011

A ventanas abiertas

A ventanas abiertas


El Negro le dijo al Pipito que había una maestra que cuando daba la clase abría la ventana. La mujer del Alberto se enteró de esto y a los gritos dijo que la maestra esa estaba loca y que seguro la directora la iba echar, que los pibes tienen que estar tranquilos para aprender.

Tenía razón la mujer del Alberto, los pibes tienen que estar tranquilos para aprender. Si no se la pasan mirando por la ventana, distraídos, no se concentran en la materia, si alguno pasa silbando, por ejemplo una cumbia, se van de la matemática, de la historia.

Entonces el Alberto le dijo a la Alicia, que así se llamaba su mujer, que se fuera a la escuela con la Susana, que era bien avispada y sabía armar buenos quilombos y que hablaran juntas con la directora, que así no podía ser una escuela.

Contó el Pipito que las vio llegar de a unas cuadras, a las dos, meta paso nomás, derechito a la escuela. Pero justo fue el día que esa maestra abría la ventana, entonces ellas venían viendo que había muchas personas paradas frente a la ventana del aula. Hasta había uno que estaba arriba de su caballo, así podía ver mejor. Entonces las dos apuraron el paso y de curiosas nomás, se fueron derecho a la ventana, a ver qué estaba pasando allá.

Pero poco pudieron ver, porque la ventana era chica y había mucha gente, escucharon sí, sobre todo la Susana, porque tenía un oído de tísica. Escuchó perfecto cuando la maestra les pedía a los pibes que trajeran palabras en guaraní, que preguntaran en el barrio, que buscaran entre los vecinos, todas con su significado, que el que trajera más palabras tenía mejor nota.

Entonces las dos mujeres se miraron y se pusieron a reír. Lloraban de la risa.

“Palabras en guaraní”. “Si será estúpida”.

La maestra les decía a los pibes que iban hacer un vocabulario, un relato y hasta una obra de teatro con esas palabras que ellos trajeran. Quienes aportaran más palabras, tendrían mejor calificación.

Justo era lo que la Alicia y la Susana y el Alberto no querían que aprendan sus hijos. Ellos querían que fueran argentinos, que aprendieran inglés en todo caso, francés, pero guaraní, casi era como una burla para ellos. En todo caso que fueran como el Negro o el Pipito, que ellos sí sabían lo que era la Capital, porque siempre habían vivido allí.

Se fueron a la carga con la directora.

La directora les dijo que no se hicieran problemas, que sólo se trataba de la maestra de teatro.

En ese mismo instante se escuchó un aplauso cerrado frente a la ventana.