sábado, 30 de octubre de 2010

JUAN MOREIRA. punto de partida del teatro nacional

Mientras las elites cultas se desvivían por organizar compañías teatrales similares a las europeas, que hacían sus breves y triunfales giras por el Plata y, los comediógrafos cultos no lograban un público que sostuviera su empeño, la compañía circense de los Hermanos Carlo estrenaba, en el Politeama Argentino, la novela de Eduardo Gutiérrez, "Juan Moreira", con muy poca confianza en la pieza, descuidando útiles imprescindibles, ropa apropiada y ajustes en los ensayos. Sin embargo, siguieron el consejo hecho por Gutiérrez respecto a quien interpretara al gaucho Juan Moreira y que decía que debía ser un actor criollo, buen jinete y de fácil comunicación.
José Podestá, actor uruguayo, "Pepino el 88", en su carácter de payaso, respondió ampliamente a las indicaciones sugeridas por Eduardo Gutiérrez. La presentación de “Juan Moreira” (1884) constituyó un éxito espontáneo y tumultuoso; al finalizar la pantomima, y para sorpresa de todos, el público subió a escena y aplaudió a rabiar, seguramente haya visto en "Juan Moreira" su secreta protesta, sus desdichas y reclamos de una justicia que se le escamoteaba.
“Juan Moreira”, nacido de los archivos policiales, con prontuario de matón, encarnaba al gaucho que debe pelear contra una sociedad adversa, con sus trampas e intereses, con sus leyes astutas, la total entrega de Podestá en su trabajo del personaje, hicieron al público identificase con aquella rebelde exposición del gaucho.
Juzgar, desde una obra, el nacimiento de un teatro nacional es, en cierto modo, pretender que se ha originado sobre un espacio vacío y quitarle a la perspectiva teatral, aquellos elementos que conjugan a la nacionalidad. Mariano Bosch, Ricardo Rojas, Raúl Castagnino y, más solapadamente Berenguer Carisomo, han criticado duramente la consideración de "Juan Moreira" como punto partida del teatro nacional, aduciendo a existencia anterior de un teatro como fundamento más potable de la crítica. Ricardo Rojas muestra el aspecto medular de la descalificación del concepto que toma al “Juan Moreira” como punto de partida del teatro nacional: "El teatro cosmopolita y selecto que cultiva la burguesía del 80, le hace olvidar las modestas tradiciones del teatro argentino y la vuelve incapaz de simpatizar con el embrionario arte nativo, que durante un tiempo quedó relegado a la simple condición de solaz plebeyo de las clases suburbanas". ¡¿Durante un tiempo?! Tinta sombría que no hunde el escapelo más allá de la dermis, en vocabulario de Blas Raúl Gallo.
El aporte directo o incidental de realizaciones anteriores, casi un centenar, desde "El amor de la estanciera", "Las bodas de Chivico y Pancha", el teatro que incorporara Facundo Quiroga en su ejército, "Solané", las pantomimas y piezas elementales que se desarrollaban en los circos criollos ambulantes, etcétera, suman a todos los aspectos que configuraron el carácter del "Juan Moreira", y refuerza la afirmación de tomarlo como punto de partida del teatro nacional y popular, porque se instala a partir de acontecimientos ciertos, (aunque embrionarios, según Don Ricardo) y no desde el vacío.
Pero deberían sumarse otros antecedentes de interés para no circunscribir e análisis a la apreciación de estos críticos cultos y autorizados. Esos antecedentes le dan al “Juan Moreira” una condición de obra de composición paulatina:

- En 1886 se representa la pantomima "Juan Moreira" en la localidad de Arrecifes; el encargado de la fonda donde se hospedaban los Podestá, un francés llamado León Beupuy, le propone a José Podestá hacer un “Juan Moreira” hablado. Fue así que meses más tarde se estrenará en Chivilcoy la primera versión de a obra dramática con diálogos incluidos.
- En Montevideo, y después de su representación, desde el público surge la idea de cambiar el baile del gato, por el del pericón y la propuesta se pone en práctica a partir de ese momento.
- Mientras están los Podestá en la ciudad de La Plata, incorporan un personaje inexistente en a obra de Gutiérrez: el cocoliche. En realidad este personaje existía, era Antonio Cocoliche, un italiano acriollado, mercachifle, no muy honrado, pero pintoresco. En la incorporación se llamaba Francisco Cocoliche, tal vez para no herir susceptibilidades. Lo cierto es que desde allí parte el mote popular.
- Mientras las giras seguían se producían integraciones al "Juan Moreira", con personajes veraces en la vida del país, como lo fueron el Vasco y el Cura.

Pero por entonces no todo era "Juan Moreira", en el mismo año que en Chivilcoy se estrenaba el Moreira con diálogos (1886), Sarah Bernard también estrenaba en Buenos Aires "Fedora". Cerca de cuatro mil espectadores presenciaron el estreno y cuentan que Sarmiento viajó especialmente desde Tucumán para ver actuar a Sarah. "Esa misma noche –refiere Tallaurd-
al salir la actriz del teatro, los estudiantes quitaron los caballos del carruaje y lo arrastraron por Florida hasta su alojamiento
", que seguramente no era una fonda.
Demás está decir o que costaba contar con esta categoría de repertorios e intérpretes.
Adelina Patti no concluía de cambiarse en su camarín si previamente su secretario no le alcanzaba los 30.000 francos estipulados por cada noche de actuación. ¿Cuánto cobraría “Pepino el 88” en Arrecifes?
Se podría suponer que la política conducida por Roca auspició esta evolución del teatro nacional, puesto que "Juan Moreira" se estrena y desarrolla íntegramente en la misma época de su gobierno, pero no sólo no fue deseado, sino que fue contrario a lo buscado por la política cultural del roquismo.
Los contenidos del "Juan Moreira" fueron de crítica a una realidad odiosa para la mayoría: la injusticia social, la dependencia con intereses foráneos y los resultados negativos de una inmigración mal orientada, hicieron que el público se sintiera expresado por un teatro con espíritu nacional y popular, desde su contenido, formas de realización y su relación con el mismo, en contra de un sistema extranjerizante y elitista.
"Juan Moreira" extendió su denuncia inquietante en igual proporción que ganaba público, ya fuera representado por los hermanos Podestá como por otras compañías. Esto disgustaba a la oligarquía. Tanto fue así, que en Córdoba no se prohibió a "Juan Moreira", pero se estableció una escala impositiva municipal para todas las representaciones teatrales: se fijó un impuesto de diez pesos por función para las compañías de ópera, zarzuela, drama y circos de equitación o acrobaci; a los dramas gauchescos se les cobraba 500 pesos. En Rosario, el intendente de a ciudad suspendió las funciones de "Juan Moreira" y fue felicitado de inmediato por el Ministro de Instrucción Pública de la Provincia de Santa Fe, en estos términos: "…la valiente sus pensión de los terribles dramas criollos…"
La nostálgica franqueza de García Merou, consustanciado con la generación del 80, no deja dudas acerca del carácter oponente que "Juan Moreira" tuvo con la oligarquía y la intelectualidad elitista y dependiente de a época: "Ha pasado una década y el problema del teatro nacional ha sido resuelto por un payaso con instinto de actor, que transformó la insulsa pantomima de un circo en una serie de cuadros dramáticos, que retratan la vida de un bandido legendario como supremo sarcasmo a la inteligencia y al arte. Juan Moreira logró lo que no pudo conseguir Martín Coronado con "La Rosa Blanca" o "Luz de luna o luz de incendio"". ¡Pobre Martín!
El "Juan Moreira" fue el gran paso del teatro nacional y popular oponente al molde que la oligarquía liberal quiso imponer, olvidando que los moldes y modelos son cosas de sastres y modistas, pero no de artistas.

María Peña
Publicado en “Izquierda Nacional”, Mayo de 1997.

sábado, 23 de octubre de 2010

cielito de la carolina



¿Cuál es la medida de la pobreza? ¿Es acaso una cifra que sale publicada en los diarios?

Vengo a esta escuela a dar clases de teatro, tan alejada de donde vivo, tan diferente de todo lo que me circunda, negocios, calles, plazas, casas, vehículos, sonidos, colores, voces. Todo es distinto a lo que yo habito, transito, conozco, veo, escucho y siento y que he ido incorporando como propio a través del tiempo que me ha sido dado para ser vivido.
He llegado a la escuela de La Carolina porque el modelo neoliberal me ha expulsado de la empresa del Estado donde trabajaba.
He llegado pobre, muy pobre, porque con el salario de maestra no voy a poder pagar el alquiler, ni sostener a mi hija durante todo un mes. Tal vez llegue al día 15 o 20 según lleguen los servicios.
Bueno, algo se me va a ocurrir.
Tomo sesenta horas cátedras como maestra especial de teatro en Florencio Varela. Y me voy a “La Carolina”.
Ya es verano y hace tanto calor. Alguien me escupe. Miro a los treinta y ocho alumnos de segundo grado y sólo veo una cara redonda, morena, con ojos de fuego.
“¿Quién me escupió?”, digo gritando.
Silencio.
La cara redonda, morena, con ojos de fuego me sigue mirando.
Entonces, le pregunto a la cara redonda, morena, con ojos de fuego:
“¿Te gusta escupir? ¿Qué pasa si yo te escupo ahora a vos”
Y los ojos de fuego, en la cara redonda y morena, me contestan:
“Usted no es capaz de hacer eso”.
Es un desafío, a mí que he transgredido una y otra vez hasta casi sentir la sangre, hasta creer que ya no soy.
“¿No? ¿No soy capaz? ¿Y por qué?” pregunto desde mis 39 años a esos 8 años, allí sentado, con su cara redonda, morena y con ojos de fuego, ahora más de fuego que nunca porque me va a responder:
“Porque usted es maestra”

Maestra soy y por eso les digo a los niños que se saquen el guardapolvo para hacer la próxima actividad. Sólo algunos, felices por el calor, se los sacan, los otros, casi mudos y transpirados miran algún punto del espacio que no puedo ubicar.
“Que nos saquemos el guardapolvo para ir al patio”, digo.
Y la misma silenciosa respuesta.
“Entonces nos quedamos adentro”
Una clase, dos, tres. Siempre nos quedamos adentro.
Cuarto día. Salgamos al patio y hagamos lo que tenemos que hacer con guardapolvo, calor, sudor y todo.
Quiero trabajar con los cuerpos y el espacio.
Y hacemos figuras, estatuas vivientes, historias corporales.
Y de pronto los niños quieren jugar con mi cuerpo también.
“Venga maestra, tírese en el piso, que es agua, y usted un barco”
Pero si yo me tiro en el piso se van a ver los agujeros que tengo en los zapatos. Me niego.
“Vamos maestra, usted es el barco”
Hace tanto calor y toda esa agua que los niños han inventado, pero los agujeros de mis zapatos negros, con hebilla, de tacones se van a presentar sin pudor a la vista de todos. Como las ropas rotas o sucias que ellos ocultan debajo del guardapolvo.
Entonces me tiro al agua, soy el barco y cierro los ojos. Toman mis brazos, toman mis piernas, me balancean mientras me dejo llevar con los ojos cerrados. Soy un barco sin puerto, que navega en el ancho mar de las injusticias, del dolor, de la falsa moral, de la rabia. Y cuando abro mis ojos veo sus caritas sonrientes, divertidas por delante de un cielo azul, brillante, cielito de la carolina.

Es bajo ese cielo azul brillante de la carolina que escucho llorar a alguien. Lo busco y me encuentro detrás de un árbol a cara redonda, morena y con ojos de fuego. No me quiere decir lo que le pasa, esquiva mi caricia sobre su cabeza, llora, llora y gime. Entonces le digo que le voy a contar un secreto. Ahora sólo llora.
“Vos sos mi guanaco preferido”, le digo en el oído.
Y la cara redonda, morena, con ojos de fuego que dejan salir la última lágrima, me pregunta qué cosa es un guanaco. Y yo le cuento y le vuelvo a decir.
“No te olvides, sos mi guanaco preferido”.

Hagamos un partido de futbol. Como también voy a jugar, ustedes me explican el juego.
Las reglas de juego. Como en la vida social o institucional, hay reglas que cumplir, sino la sociedad se quiebra, la institución se desmorona.
Vamos a ver cómo funciona el futbol que jugaremos, porque ya conocemos las reglas y las respetaremos.
-Vamos, maestra, déle!
-Yo voy al arco.
-No, al arco voy yo, maestra.
-Voy al arco porque tengo zapatos de taco, ¿Ves?
-Está bien.
Qué buen partido, casi sin infracciones y me metieron sólo dos goles. Bueno, mañana nos vemos.
“Hasta mañana, maestra”
Pero mañana no vino Johnatan. ¿Por qué faltó Johnatan? ¿Alguien sabe por qué faltó Johnatan?
-Porque no tenía zapatillas para venir a la escuela.
-Ayer se le terminaron de romper jugando al futbol.
-Por eso él quería estar en el arco, maestra.

Como es fin de clases estamos casi todos contentos. La escuela tiene un movimiento diferente, los niños corren y juegan por todos lados, menos en el aula. Los maestros conversamos, barajamos y adivinamos nuestro futuro.
Una mano me toca casi el fin de la espalda. Me doy vuelta y veo una cara redonda, morena con ojos de fuego.
-Mi guanaco preferido.
-Usted va a venir a esta escuela el año que viene?
-Sí, voy a venir el año que viene-
Entonces la cara redonda, morena y con ojos de fuego se diluye, ahora son dos brazos que abrazan
-No sabe cuánto la voy a querer el año que viene, maestra.