José Podestá, actor uruguayo, "Pepino el 88", en su carácter de payaso, respondió ampliamente a las indicaciones sugeridas por Eduardo Gutiérrez. La presentación de “Juan Moreira” (1884) constituyó un éxito espontáneo y tumultuoso; al finalizar la pantomima, y para sorpresa de todos, el público subió a escena y aplaudió a rabiar, seguramente haya visto en "Juan Moreira" su secreta protesta, sus desdichas y reclamos de una justicia que se le escamoteaba.
“Juan Moreira”, nacido de los archivos policiales, con prontuario de matón, encarnaba al gaucho que debe pelear contra una sociedad adversa, con sus trampas e intereses, con sus leyes astutas, la total entrega de Podestá en su trabajo del personaje, hicieron al público identificase con aquella rebelde exposición del gaucho.
Juzgar, desde una obra, el nacimiento de un teatro nacional es, en cierto modo, pretender que se ha originado sobre un espacio vacío y quitarle a la perspectiva teatral, aquellos elementos que conjugan a la nacionalidad. Mariano Bosch, Ricardo Rojas, Raúl Castagnino y, más solapadamente Berenguer Carisomo, han criticado duramente la consideración de "Juan Moreira" como punto partida del teatro nacional, aduciendo a existencia anterior de un teatro como fundamento más potable de la crítica. Ricardo Rojas muestra el aspecto medular de la descalificación del concepto que toma al “Juan Moreira” como punto de partida del teatro nacional: "El teatro cosmopolita y selecto que cultiva la burguesía del 80, le hace olvidar las modestas tradiciones del teatro argentino y la vuelve incapaz de simpatizar con el embrionario arte nativo, que durante un tiempo quedó relegado a la simple condición de solaz plebeyo de las clases suburbanas". ¡¿Durante un tiempo?! Tinta sombría que no hunde el escapelo más allá de la dermis, en vocabulario de Blas Raúl Gallo.
El aporte directo o incidental de realizaciones anteriores, casi un centenar, desde "El amor de la estanciera", "Las bodas de Chivico y Pancha", el teatro que incorporara Facundo Quiroga en su ejército, "Solané", las pantomimas y piezas elementales que se desarrollaban en los circos criollos ambulantes, etcétera, suman a todos los aspectos que configuraron el carácter del "Juan Moreira", y refuerza la afirmación de tomarlo como punto de partida del teatro nacional y popular, porque se instala a partir de acontecimientos ciertos, (aunque embrionarios, según Don Ricardo) y no desde el vacío.
Pero deberían sumarse otros antecedentes de interés para no circunscribir e análisis a la apreciación de estos críticos cultos y autorizados. Esos antecedentes le dan al “Juan Moreira” una condición de obra de composición paulatina:
- En 1886 se representa la pantomima "Juan Moreira" en la localidad de Arrecifes; el encargado de la fonda donde se hospedaban los Podestá, un francés llamado León Beupuy, le propone a José Podestá hacer un “Juan Moreira” hablado. Fue así que meses más tarde se estrenará en Chivilcoy la primera versión de a obra dramática con diálogos incluidos.
- En Montevideo, y después de su representación, desde el público surge la idea de cambiar el baile del gato, por el del pericón y la propuesta se pone en práctica a partir de ese momento.
- Mientras están los Podestá en la ciudad de La Plata, incorporan un personaje inexistente en a obra de Gutiérrez: el cocoliche. En realidad este personaje existía, era Antonio Cocoliche, un italiano acriollado, mercachifle, no muy honrado, pero pintoresco. En la incorporación se llamaba Francisco Cocoliche, tal vez para no herir susceptibilidades. Lo cierto es que desde allí parte el mote popular.
- Mientras las giras seguían se producían integraciones al "Juan Moreira", con personajes veraces en la vida del país, como lo fueron el Vasco y el Cura.
Pero por entonces no todo era "Juan Moreira", en el mismo año que en Chivilcoy se estrenaba el Moreira con diálogos (1886), Sarah Bernard también estrenaba en Buenos Aires "Fedora". Cerca de cuatro mil espectadores presenciaron el estreno y cuentan que Sarmiento viajó especialmente desde Tucumán para ver actuar a Sarah. "Esa misma noche –refiere Tallaurd-
al salir la actriz del teatro, los estudiantes quitaron los caballos del carruaje y lo arrastraron por Florida hasta su alojamiento", que seguramente no era una fonda.
Demás está decir o que costaba contar con esta categoría de repertorios e intérpretes.
Adelina Patti no concluía de cambiarse en su camarín si previamente su secretario no le alcanzaba los 30.000 francos estipulados por cada noche de actuación. ¿Cuánto cobraría “Pepino el 88” en Arrecifes?
Se podría suponer que la política conducida por Roca auspició esta evolución del teatro nacional, puesto que "Juan Moreira" se estrena y desarrolla íntegramente en la misma época de su gobierno, pero no sólo no fue deseado, sino que fue contrario a lo buscado por la política cultural del roquismo.
Los contenidos del "Juan Moreira" fueron de crítica a una realidad odiosa para la mayoría: la injusticia social, la dependencia con intereses foráneos y los resultados negativos de una inmigración mal orientada, hicieron que el público se sintiera expresado por un teatro con espíritu nacional y popular, desde su contenido, formas de realización y su relación con el mismo, en contra de un sistema extranjerizante y elitista.
"Juan Moreira" extendió su denuncia inquietante en igual proporción que ganaba público, ya fuera representado por los hermanos Podestá como por otras compañías. Esto disgustaba a la oligarquía. Tanto fue así, que en Córdoba no se prohibió a "Juan Moreira", pero se estableció una escala impositiva municipal para todas las representaciones teatrales: se fijó un impuesto de diez pesos por función para las compañías de ópera, zarzuela, drama y circos de equitación o acrobaci; a los dramas gauchescos se les cobraba 500 pesos. En Rosario, el intendente de a ciudad suspendió las funciones de "Juan Moreira" y fue felicitado de inmediato por el Ministro de Instrucción Pública de la Provincia de Santa Fe, en estos términos: "…la valiente sus pensión de los terribles dramas criollos…"
La nostálgica franqueza de García Merou, consustanciado con la generación del 80, no deja dudas acerca del carácter oponente que "Juan Moreira" tuvo con la oligarquía y la intelectualidad elitista y dependiente de a época: "Ha pasado una década y el problema del teatro nacional ha sido resuelto por un payaso con instinto de actor, que transformó la insulsa pantomima de un circo en una serie de cuadros dramáticos, que retratan la vida de un bandido legendario como supremo sarcasmo a la inteligencia y al arte. Juan Moreira logró lo que no pudo conseguir Martín Coronado con "La Rosa Blanca" o "Luz de luna o luz de incendio"". ¡Pobre Martín!
El "Juan Moreira" fue el gran paso del teatro nacional y popular oponente al molde que la oligarquía liberal quiso imponer, olvidando que los moldes y modelos son cosas de sastres y modistas, pero no de artistas.
María Peña
Publicado en “Izquierda Nacional”, Mayo de 1997.
