Algunos momentos que vivimos con Marina Fenández en La Habana, entre función y función, por supuesto que no teníamos cámara para filmar nada y la cámara de fotos de Marina no se parecía en nada a las actuales, sin embargo con buena vountad nos la ingeniamos. Fueron muy buenos momentos, recién aprendí a usar este programita así que voy a ver qué hago con las fotos de las funciones que estoy rescatando.La música de fondo es "Chan Chan" por Compay Segundo.
En este blog voy a compartir algunas experiencias personales sobre mi actividad en el teatro. Y estaría bueno que todo esto sirviera de motor para el debate, el acercamiento,y el quéhacer de muchos. Decir teatro es decir vida, sociedad, cultura, arte, política, emoción, sentimientos...
domingo, 23 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
La Crítica

Prensa Latina dijo lo que ningún medio argentino quiso publicar, ningún medio argentino publicó siquiera nuestra participación en el 85 Festival de Teatro de La Habana. El periodista Jorge Smith, de Prensa Latina, asistió a la representación de las dos obras y esto escribió:
…Doña Rosita, la Soltera no solamente es una obra importante del teatro iberoamericano, sino un puente para que la actriz María Peña dé una visión argentina de la obra de Federico García Lorca.
Al Festival de teatro de esta Ciudad, iniciado ayer, concurre esta excelente actriz y adaptadora, quien opina que en el fondo de todo su quehacer artístico existe una sutil lucha contra la intolerancia y el despiadado afán de competencia del mundo de hoy.
Doña Rosita, la solteraa la argentina es, como en el texto lorquiano, una mujer tímida, incapaz de concretar el amor. Ante esta realidad se hacen competencia comadrejas, vecinos que afectan bufonería o un pretendiente infeliz y enfermo.
Este planteamiento y transición del drama, lo asume María Peña en todos sus colores y expresiones, como una curva creciente de sentimiento que estallan al final en un decisivo monólogo, en el cual la protagonista brinda su opinión más sincera.
En este final emocionante, en el que María Peña dicta una lección de actuación brillante, recae todo el mérito del acercamiento argentino, o porteño, a la obra del poeta nacido en Fuentevaqueros (Granada) en 1898 y muerto de un tiro en la espalda en 1936.
La actriz realizó la adaptación de la pieza a la manera del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, con plena participación del público, parlamentos dichos de frente a las butacas y en ese tono severo, enfático, casi admonitorio…”
Están “Las Porteñeras” María Peña y Marina Fernández en otro espectáculo unipersonal: “Un Guapo del 900” a partir del texto de Samuel Eichelbaum.
Como Eduardo Gutiérrez, Borges, Arlt, Sábato, Cortázar y otros, a Eichelbaum le interesa la historia (¿a qué argentino, no?) y sobre todo el período de la entrada en el siglo XX, después de Rosas y sarmiento y antes de Yrigoyen y Perón.
…Sobresale en este montaje la eficaz presencia de Marina Fernández, quien no sólo es una bella porteña, sino también la arquitecta de una música de apoyo que, si en “Doña Rosita, la soltera” tendía hacia los personajes, en “Un Guapo del 900” se escucha en “los momentos”.
María Peña logra felices caracterizaciones en tres personajes distintos, muy conmovedora, subversiva y atacante de la materia gris, esa que al final siempre nos induce a aplaudir y vitorear piezas como “Un Guapo del 900”.
Esta Crítica fue publicada en la revista Izquierda Nacional bajo el título
Cuando el teatro se convierte en un arma de la revolución, en Diciembre de 1997.
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Un Guapo del 900

La soledad es, en Samuel Eichelbaum, una constante surgida de la impotencia de la incomunicación; estrena oficialmente su primer obra de teatro en 1919 –"La Quietud del Pueblo" y hasta 1967, fecha de estreno de su última creación "Subsuelo", nunca deja de aportar al teatro argentino una temática variada, donde sus personajes que hablan de manera irrefrenable, alcanzaron dimensiones individuales y sociales del medio.
Don Muelsa, como lo llamaba cariñosamente su amigo Anibal Troilo, encajó al Guapo en su medio ambiente: el arrabal y lo perfila como un tipo serio, carente de humor, porque siente sobre sí una responsabilidad imposible de delegar. Su predestinación es la muerte o la prisión.
Cada día debe ganarse su adjetivación, es un esbozo de caudillo, concomitante con el caudillo verdadero (Don Alejo), que lo apaña, lo protege de los jueces y lo saca de apuros. "Un Guapo del 900" releva un sector social y político de la Argentina y su personaje central, Ecuménico López, es un héroe suburbano que Eichelbaum despoja de atuendos utilitarios y lo presenta en un encuadre cotidiano.
"Un Guapo del 900" es un drama de tres actos y fue estrenado por la Compañía de Armando Discépolo, en Buenos Aires, el 23 de marzo de 1940.
El arrabal, el fatalismo dramático, la lealtad como valor de conciencia, la configuración de una época aún no resuelta, en un marco local y nacional, el carácter fortuito de los acontecimientos –como el asesinato del Dr. Ordóñez- han sido las motivaciones directas para la realización de esta adaptación.
Guardo, en íntima convicción, la certeza de que en cada adaptación se desarrolla una particular relación entre cada personaje y vida real y política, pasional y emotiva, tal vez por eso en esta adaptación de "Un Guapo del 900", el guapo no aparece físicamente. Se pueden creer muchas cosas, lo cierto es que a medida que avanzaba en la investigación de la obra y del autor, comencé a sentir que Don Muelsa era el verdadero guapo, este hombre que hace justicia sin enfrentarse jamás a los débiles, pariente pobre del héroe, anónimo y equívoco no estaba en mi propio mapa afectivo, no ocupaba ningún espacio, es más allí había un vacío. Una noche al cerrar la carpeta de trabajo me encontré diciendo: "no importa si no te encuentro, porque yo sé que estás, en algún lado estás y sólo saberlo ya está bien para mí".
En un país repleto de ausencias y de silencios, de anónimos excluidos, centré la figura del personaje de la madre, Doña Natividad y la hice poseedora, a través de su amor "desmesurado" de la facultad de poder encarnar a su propio hijo, de hacerlo trasuntar por toda la obra, hasta el grado de asumirlo plenamente.
Y poco tiempo después me pasó una historia. Me encontré con un "guapo"... no se llamaba Ecuménico... se llama Juan.
Las obras que arregló e interpretó Marina Fernández con su flauta dulce, para esta adaptación, en La Habana fueron: "Ernestito", "Uno", "Balada para un loco" y "Los Mareados".
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CUANDO DOÑA ROSITA SE FUE A LA HABANA CON UN GUAPO

En Junio de 1997 llegó la carta que venía de La Habana y nos avisaba que las dos obras propuestas para participar del 85 Festival de Teatro de La Habana habían sido seleccionadas. Marina Fernández fue quien trajo una tarde a mi casa aquella carta enviada por fax y firmada por Rolando Rodríguez López, Director Ejecutivo del Festival de Teatro de La Habana, que se realizaría entre los días 19 al 28 de septiembre del año que nos transcurría. Marina trajo la carta, una tremenda sonrisa y una botellita de caña Legui, entre las flautas, en su mochila.
Mil novecientos noventa y siete. Año del pleno ocaso del menemismo, año de luchas de obreros expulsados del trabajo –Cutral-có, Plaza Huincul, Tartagal, San Lorenzo, Cruz del Eje, la Carpa Blanca de los docentes…, año en que nos dejara Ricardo Carpani y Blas Alberti, año en que la convertibilidad y flexibilización laboral hacían subir los índices de mortalidad infantil, la precariedad laboral, el desempleo, año de elecciones y consolidación de la "Alianza" entre el Frepaso y la UCR.
Ni Marina Fernández, música y docente, ni yo, trabajadora precaria y teatrista escapábamos a las consecuencias de esta realidad social, económica y política de nuestro país. Así fue que la carta de Invitación Oficial al Festival fue celebrada, un poco con asombro y otro poco con una gran responsabilidad sobre nuestro trabajo y la nueva proyección que se nos presentaba.
No fue cuestión de hacer las valijas y partir. No, no. Desde la organización de nuestra precaria economía, hasta ensayar y ensayar una vez más, "dale, dale, otra vez" y hacer funciones donde sea y como sea, hasta pensar en los presentes que llevaríamos a Coralia Veloz, gran actriz cubana que nos hospedaría en su casa y la visa y los pasajes y mi hija. Ya Marina traía una nueva partitura, ya conseguía yo una nueva tela que tenía mejor color y movimiento.
Íbamos a trabajar en La Habana, Cuba.
Llevábamos dos adaptaciones en unipersonal cuya puesta incluía música en vivo, interpretada con Flauta Dulce por Marina Fernández, quien además hizo la selección y arreglos de todos los temas que iba a interpretar.
“Las Porteñeras” como quisimos llamarnos, nos íbamos a La Habana, Cuba.
Dos solitas, ignoradas y excluidas de todo sistema, institucional o de mercado. Dos solitas, ingeniosas y divertidas como el pueblo, que genera y regenera su propia historia de lucha, a veces tan solo para no morir. Dos solitas, llevábamos a La Habana, Cuba a “Doña Rosita, la Soltera o el lenguaje de las flores” de Federico García Lorca y a “Un Guapo del 900” de Samuel Eichelbaum, en adaptación unipersonal.
Dos solitas en los teatros de La Habana, Cuba. Dos solitas que sellaron para siempre la amistad con el pueblo de La Habana. CUBA.
Las obras que arregló e interpretó Marina Fernández con su flauta dulce, para esta adaptación, en La Habana fueron: "Adios Nonino", "Quant Ay lo non consirat", "La Baraja", "Isn’t it Romantic", "Tropidanza", "Misty", "1er. Movimiento de la Sonata en Fa Menor de Telemman", "A Division on a Ground".
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