
La soledad es, en Samuel Eichelbaum, una constante surgida de la impotencia de la incomunicación; estrena oficialmente su primer obra de teatro en 1919 –"La Quietud del Pueblo" y hasta 1967, fecha de estreno de su última creación "Subsuelo", nunca deja de aportar al teatro argentino una temática variada, donde sus personajes que hablan de manera irrefrenable, alcanzaron dimensiones individuales y sociales del medio.
Don Muelsa, como lo llamaba cariñosamente su amigo Anibal Troilo, encajó al Guapo en su medio ambiente: el arrabal y lo perfila como un tipo serio, carente de humor, porque siente sobre sí una responsabilidad imposible de delegar. Su predestinación es la muerte o la prisión.
Cada día debe ganarse su adjetivación, es un esbozo de caudillo, concomitante con el caudillo verdadero (Don Alejo), que lo apaña, lo protege de los jueces y lo saca de apuros. "Un Guapo del 900" releva un sector social y político de la Argentina y su personaje central, Ecuménico López, es un héroe suburbano que Eichelbaum despoja de atuendos utilitarios y lo presenta en un encuadre cotidiano.
"Un Guapo del 900" es un drama de tres actos y fue estrenado por la Compañía de Armando Discépolo, en Buenos Aires, el 23 de marzo de 1940.
El arrabal, el fatalismo dramático, la lealtad como valor de conciencia, la configuración de una época aún no resuelta, en un marco local y nacional, el carácter fortuito de los acontecimientos –como el asesinato del Dr. Ordóñez- han sido las motivaciones directas para la realización de esta adaptación.
Guardo, en íntima convicción, la certeza de que en cada adaptación se desarrolla una particular relación entre cada personaje y vida real y política, pasional y emotiva, tal vez por eso en esta adaptación de "Un Guapo del 900", el guapo no aparece físicamente. Se pueden creer muchas cosas, lo cierto es que a medida que avanzaba en la investigación de la obra y del autor, comencé a sentir que Don Muelsa era el verdadero guapo, este hombre que hace justicia sin enfrentarse jamás a los débiles, pariente pobre del héroe, anónimo y equívoco no estaba en mi propio mapa afectivo, no ocupaba ningún espacio, es más allí había un vacío. Una noche al cerrar la carpeta de trabajo me encontré diciendo: "no importa si no te encuentro, porque yo sé que estás, en algún lado estás y sólo saberlo ya está bien para mí".
En un país repleto de ausencias y de silencios, de anónimos excluidos, centré la figura del personaje de la madre, Doña Natividad y la hice poseedora, a través de su amor "desmesurado" de la facultad de poder encarnar a su propio hijo, de hacerlo trasuntar por toda la obra, hasta el grado de asumirlo plenamente.
Y poco tiempo después me pasó una historia. Me encontré con un "guapo"... no se llamaba Ecuménico... se llama Juan.
Las obras que arregló e interpretó Marina Fernández con su flauta dulce, para esta adaptación, en La Habana fueron: "Ernestito", "Uno", "Balada para un loco" y "Los Mareados".
1 comentario:
Como siempre todo lo que escribis...te hace sentir como si hubieras estado alli....NO VI ESA OBRA TUYA....PERO ME IMAGINO QUE TU INTERPRETACION ES EXCELENTE....BESOS....
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