En estos últimos tiempos pareciera que no hablo de teatro cuando la motivación de construir esta página ha sido el teatro, desde mi perspectiva y mi ideología.
Sin embargo no hay contradicción.
A los veinte años de mi vida decidí hacer la carrera de actriz en la Escuela Municipal de Arte Dramático.
A los veinte años de mi vida tenía como circunstancia histórica a la dictadura militar.
Ya había transitado por la carrera de Sociología y también de Geografía en la Facultad -entonces- de Filosofía y Letras. Ya había cursado materias en el Profesorado Nacional, de Avenida de Mayo, en la carrera de Historia. Y cursaba la carrera de Geología en el Museo Nacional de La Plata.
¡Cuánta dispersión! podría decirse.
Sin embargo no es así. No es producto de dispersión sino de voluntad imperiosa de comprender las formas y herramientas para luchar por una Patria libre de las imposiciones del imperialismo y las fatalidades del capitalismo.
A los diez y seis años lo comprendí. Cursaba el cuarto año de bachiller en el Colegio Nacional Don José de San Martín en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa. Año 1972. Año en que ingresé en la militancia del Partido Peronista.
Allí compañeros ejemplares, que llevo en el alma y en el corazón.
Conocí la historia negada. El futuro y el presente. Conocí incorruptibilidad. El pensamiento nacional y popular, la lucha contra el imperialismo. Y más. La posibilidad de construir un mundo mejor.
¿Qué es mejor?
Tan amplio es el concepto. La militancia implicaba lecturas, acciones y discusiones.
Leíamos a Abelardo Ramos. A Perón. Conocíamos a Evita. La revolución cultural de Mao y a la revolución rusa. Lenin y Marx nos parecían lejanos. El Capital era para algunos pocos, Estábamos presentes en las campañas de vacunas y en los desastres de las lluvias y las inundaciones junto a los soldados, codo a codo. Nos reuníamos con los jóvenes católicos.
La Izquierda Nacional nos sobrevolaba el espíritu patriota.
Sin embargo nos enfrentamos en la Juventud Universitaria Peronista con ellos a cadenazo puro.
Sobrevoló la autoclandestinidad y nos volvimos a dividir.
Y nos mataron como a perros. El exilio. La cárcel, la tortura,
No supimos, no pudimos darnos cuenta que le entregábamos la patria a los más feroces enemigos de la patria y del pueblo.
¿Quién sabe bien por qué?
Cuando dí mi examen de ingreso en la carrera de actriz dije que quería hacer la carrera porque entendía que no bastaba con la política para transformar este inmenso horror de ver a la Patria de rodillas ante un asqueroso mundo que nos sometía. Que entendía que el arte debía cumplir un rol fundamental en la recuperación de los valores nacionales, sociales y políticos que nos estaban arrebatando. Era el año 1976. Y le dije eso, más o menos a una mesa examinadora de doce maestros del teatro nacional.
Hice.
Yo sé que hice. Tengo la dicha de saberlo porque alguien me dijo, hace poco, que tuvo muy buenos maestros de teatro, pero que yo fui la mejor.
Porque sin nada, con más hambre y necesidades primarias, construí una estética y por ello seleccionaron dos de mis adaptaciones en un Festival de Teatro de La Habana y viví las repercusiones.
En el año 1991 decidí dejar mi militancia en el peronismo luego de persecuciones y amenazas por oponerme a la privatización de las empresas del Estado, siendo en ese momento delegada gremial.
Apoyé y adherí a las luchas por los derechos humanos en forma aleatoria, no como militante. Tampoco milité en los movimientos feministas, aunque sí apoyé sus reivindicaciones.
Yo necesitaba y necesito del amplio espectro de la política, de su comprensión total y su manifestación revolucionaria que no puede en estas circunstancias ser parcial.
Vuelvo a mis fuentes teóricas. Donde encuentro las respuestas al desconcierto social.
Voy en el camino por la Izquierda Nacional. Reconfortada -en el partido Patria y Pueblo, Izquierda Nacional- por sus nuevos dirigentes y compañeros dispuestos a la lucha, esperanzados en la construcción de un frente nacional y popular para vencer esta avanzada -maldita- que oprime al pueblo trabajador y a la Patria en su constitución como tal.
Sin embargo me reconozco culturalmente como peronista. Jamás dejaré de serlo.
Por eso, por lo vivido y aprendido. Por lo reflexionado y por lo que en realidad en lo particular me queda de futuro, mi grado de compromiso se extrapola y decido hacer en "eljauretche", Partido Patria y Pueblo, Izquierda Nacional:
el "TALLER DE TEATRO POLÍTICO".
Agradezco el apoyo a los compañeros.
Por la Patria,
María Peña.
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